La cerveza procedente de la última purificación presenta un aspecto claro y brillante, pero carece de levadura y de gas.
Por eso se añade una cantidad considerable de azúcar líquida y de levadura fresca para conseguir un buen contenido final de alcohol y unas burbujas agradables en la boca.
Estos dos ingredientes fundamentales para la segunda fermentación de la cerveza en la botella se añaden en el momento en que ésta es trasladada a las cisternas que la llevarán al centro de embotellado, situado a 10 kilómetros de la abadía.