Llegados a este punto, en la cadena no quedan más que las botellas Chimay.
Todas ellas son trasladadas a una máquina de lavado con capacidad para 16.000 botellas a las que se elimina cualquier residuo, con un aclarado previo, introduciéndolas en sucesivos baños de soda cáustica a alta temperatura.
Una vez aplicados estos baños, todas las botellas reciben un aclarado doble por inmersión y con distintas inyecciones de agua esterilizada. El resultado obtenido es una serie de botellas limpias, perfectamente desinfectadas y sin etiqueta.