Después del lavado, aún continúa el control de las botellas.
Todavía hay que asegurarse de que no haya ningún gollete roto, que no haya cuerpos extraños en las botellas y que éstas no presenten ningún desperfecto.
Por esa razón cada una de las botellas pasa a un sistema de "cámara de iluminación estromboscópica" en la que las medidas de cambio de dirección de la luz señalan los posibles desperfectos facilitando la eliminación de las botellas dañadas.
El ritmo de trabajo de este auténtico sistema de radiografía es de 44.000 botellas por hora.